Un pequeño FanFic que hice hace tiempo y, sin embargo, no recordaba... Este fic tiene un detalle en la forma de contarlo, en ocasiones el narrador le habla a su amado y en otras ocasiones hace monólogo, espero no se les complique~ Ojalá les guste ^^
Te encontré con otro…
no me lo podía creer y no quería creerlo, pero ¿por qué intentaba evitar la
realidad tan inútilmente? Desde un principio supe que tú no ibas a ser para mí,
porque, primero que nada, ambos éramos hombres y segundo… tú nunca quisiste nada
serio conmigo. “Sólo de una noche…” habías dicho y yo, estúpidamente, había
aceptado… creyendo que no sería así, que algo en mí te haría quedarte, pero no
fue así. Ésa fue la primera vez que me engañaste, aunque yo ya lo sabía.
Recordaba que salí de
aquel lugar, sin sentir que lo hacía… mi cuerpo huía solo, por reflejo… mi
mente ya no reaccionaba. Estaba en shock, pero todo mi ser sabía que así debía
ser, estaba preparado para eso. Yo lo sabía desde que lo había visto, pero aún
así, no pude evitar enamorarme de él perdidamente. Sólo bastó una mirada, una
palabra… una caricia y posteriormente un beso… y me rendí ante él.
Le entregué lo que antes ya había entregado, pero nunca con tanta devoción y tanta estupidez. Sentí que él era el indicado, que por fin se quedaría conmigo… pero fue como con los demás. Amanecí solo y desnudo entre las sábanas blancas, aún con el olor de lo que habíamos hecho la noche anterior y de nuestros cuerpos juntos. Simplemente apreté los labios y salí de ahí. Me había equivocado por completo, como siempre.
Mi forma de desahogarme fue irme de parranda con mis amigos. Hice de todo y al mismo tiempo sentí que no hice nada. Amanecí adolorido y tirado a media calle con uno de mis amigos al lado. El alcohol y demás cosas que nos habíamos metido habían hecho un efecto horrible en nuestras venas, fosas nasales, garganta y boca. Vomité como nunca lo había hecho, pero me gustó, pues sentía que así estaba sacándolo poco a poco de mí.
Le entregué lo que antes ya había entregado, pero nunca con tanta devoción y tanta estupidez. Sentí que él era el indicado, que por fin se quedaría conmigo… pero fue como con los demás. Amanecí solo y desnudo entre las sábanas blancas, aún con el olor de lo que habíamos hecho la noche anterior y de nuestros cuerpos juntos. Simplemente apreté los labios y salí de ahí. Me había equivocado por completo, como siempre.
Mi forma de desahogarme fue irme de parranda con mis amigos. Hice de todo y al mismo tiempo sentí que no hice nada. Amanecí adolorido y tirado a media calle con uno de mis amigos al lado. El alcohol y demás cosas que nos habíamos metido habían hecho un efecto horrible en nuestras venas, fosas nasales, garganta y boca. Vomité como nunca lo había hecho, pero me gustó, pues sentía que así estaba sacándolo poco a poco de mí.
Todos se dieron
cuenta que esa vez sí me había afectado, que esa no era como las anteriores.
Estaba como un zombi y luego estaba –intentaba- estar bien, aunque lo que
conseguía, al final del día, era terminar medio molido en mi cama. Mi cuerpo me
reclamó una semana entera por lo que había hecho el día después de que me
dejara, como todos… pero idiotamente yo no podía sacármelo de la cabeza. Era
imposible, por más que intentara y quisiera, no podía.
Pasó mucho tiempo,
del cual nunca estuve consiente… hacía las cosas mecánicamente porque algo
dentro de mí sabía que las tenía que hacer, pero a lo demás no le importaba.
Dejé de frecuentar bares y cosas así, dejé de salir y dejé de deprimirme…
simplemente… morí en vida.
Nadie entendía por
qué yo me ponía así. Unos decían que era demasiado por lo que había pasado y
que esa había sido la gota que derramó el vaso, otros decían que se me pasaría…
aunque sus dudas sobre eso comenzaban a llegar… nadie sabía que de verdad me
había enamorado. Entre mi estado zombi me di cuenta de ello. Anteriormente
nunca había arriesgado más de lo necesario. Sabía que me dejarían o yo
terminaría dejándolos, por eso no entregaba todo de mí… pero esta vez lo hice.
No supe porqué hasta que pasó un mes. De verdad pensé que estaría a mi lado…
porque una frase salió de sus hermosos labios cuando yo le entregaba todo de
mí… “te quiero” reconocí en su voz el sentimiento y esos besos que me daba eran
de verdad… ¿acaso él me había dejado por miedo a enamorarse? No lo entendía,
pero ya no valía la pena seguir con ello.
No recuerdo cuánto
tiempo pasó, pero el destino quiso que lo viera de nuevo. No recuerdo cuándo,
ni dónde, ni por qué le hablé ¿o él me habló? Sólo sé que supe su nombre y él
el mío. Platicamos, platicamos bastante… reíamos –yo después de hacía mucho
tiempo… era raro- bailamos y nos divertimos como viejos amigos. Entonces
salimos a pasear. Seguíamos hablando hasta que un silencio nos alcanzó y
después él me besó. No pude evitarlo y le correspondí. Llevaba toda la noche
esperándolo, pero de cierta forma sabía que era un idiota por lo mismo. Terminamos
en la cama y al día siguiente… despertó a mi lado.
Mi mundo se volvió de
todos colores cuando comenzamos a salir… pero yo sabía que él me engañaría…
pero lo amaba… lo amaba como nunca amé a nadie y soportaba verlo con otras
personas por ese amor incondicional que le tenía. A veces llegaba a la casa y
escuchaba unos gemidos provenir de la habitación… el corazón se me partía y
lloraba en silencio… en varias ocasiones él se burló de mí y después me dio un
beso, diciendo que me quería… con eso yo era feliz, estúpida y masoquistamente
feliz. Nunca le cuestionaba nada y cuando estaba con otro simplemente intentaba
no hacer caso de ello, pero era insoportable… entonces comencé a vomitar…
sentía, como cuando me dejó la primera vez, que así sacaba todo lo que tenía de
él… lo que alguna vez tuve. ÉL lo sabía, pero no hacía nada por detenerme,
parecía disfrutar de mi dolor… y a mí me encantaba ver su cara sonriente,
diciéndome que me quería…
Pasaron muchos meses,
siempre con lo mismo. Yo vomitaba cada vez que volvías a casa con alguien más
–más o menos cada dos días-, una vez lo echabas de tu cama, me llamabas a mí y
me decías que me amabas… yo te creía, te creía como nunca creí a nadie. Me
encantaba sentirte dentro de mí y saber que aquel mocoso con el que habías estado
antes no significaba lo que yo significaba para ti, que tú no lo amabas como me
amabas a mí.
Entonces un día, no
volviste más. Volví a ser un zombi. Dejé de vomitar, porque cuando lo hacía
solo lo hacía para sacarte de mí, y para ver tu cara sonriente, pero, en
realidad, ¿qué sacar si en realidad nunca tuve nada tuyo? Mi vida volvió a ser
rutinaria y así la quería. Volví a ser un ermitaño y sólo salía para el trabajo
e ir de compras cuando necesitaba algo. No sé si pasó un año o más, pero ya me
había acostumbrado a mi rutina. No lloré cuando te fuiste, no veía necesidad
para llorar. ¿Qué más podía hacer? Lo sabía… lo sabía perfectamente, pero nunca
te dejé de amar.
Pero mi cuerpo me las
cobró caro. La gastritis alcanzó mi estómago y un día en el trabajo sufrí un
dolor horrible, al punto de casi desmayarme… me detectaron una úlcera
cancerosa. Me reí de mi suerte y simplemente esperé mi muerte…
Recordé con una
sonrisa todos esos momentos maravillosos que había estado con él, todos esos
besos, esas caricias y esas palabras… cerré los ojos, envuelto en su olor,
hasta que sentí que alguien acarició mi mejilla y cuando abrí los ojos… ahí
estaba.
Lloré como nunca y él
me consoló por primera vez en todo el tiempo que habíamos estado juntos. Sabía
que mi úlcera no se podía curar y me quedaba poco tiempo. Me explicó todo, por
qué había hecho todo lo que había hecho… me dijo que lo hizo para que yo me
alejara, pues no me convenía y aunque vio que yo no respondía como él quería,
supuso que yo tenía una límite, hasta que no aguantó escucharme vomitar más y
se fue, pensando que eso sería lo mejor para mí… pero fue tarde. Me dijo que de
verdad me amaba, por eso lo hizo, pero que se fuera sólo ayudó a que la úlcera
naciera. Mis malas alimentaciones y estado zombi no ayudaron a que mi cuerpo
combatiera contra el cáncer. Yo no sentía el dolor, hasta que se hizo
insoportable y acabé en un hospital… no había nada que hacer. Mi gastritis y mi
anemia se fusionaron y mi anemia pasó a leucemia… el dictado final era la
muerte.
Después de llorar
todo lo que tenía que llorar, lo último que hice fue sonreír. Le di un beso en
la mejilla y le pedí que se fuera y que le dijera a mis amigos que los quería
mucho… Mi última frase fue… “Te amo, Tomo-chan” y lo último que vi, fue una
lágrima cayendo…

Oh dios mío.............. ;AAAAAAAAAAAAAAAAAAA;!!! Ryo-chan~~~~~ fdd4yef7r30fhrv4rcf4ye Ryo-chan T_______________T okay... me gustó... me encantóooooo >A< pero al mismo tiempo lo odié DDDDDDDDDD': tengo sentimientos encontrados (?) yedux39usis9 aún así lo amé y me odio por eso y drusfjod :c (?) -se suicida- ok ya ewe Gran fic Nick >u<!! como siempre ♥
ResponderEliminar